Las 50 Sombras como educación sentimental

por Astrid Gallego


Empiezo por aclarar que no leí ni vía la película de Las 50 Sombras de Grey, soy sincera…no me interesa, tal vez cuando pase el revuelo y se pueda mirar con otros ojos, lo haré. No voy a entrar en calificativos acerca de la calidad  porque esto no va ni de crítica literaria ni cinéfila.

Paso a decir que más o menos tengo claro de que va el argumento del libro y aplaudo que haya mujeres que leen muy poco y se hayan leído las más de mil páginas de la trilogía. Leer aunque sea  prospectos de medicamentos, opino que debe servir para algo, aunque no sé exactamente para qué.  Igualmente, que cientos de mujeres se hayan atrevido con  literatura erótica y se hayan permitido soñar con Christian Grey y su contrato de sumisión y dominación, dejando en claro que por fin  hemos dicho adiós a  la mojigatería y a la morronguería.

Ni siquiera voy a entrar a realizar análisis feministas si en últimas esta obra nos quiere mostrar como el ideal a una mujer sumisa y plegada al deseo masculino, no para qué, cada mujer que lo haya leído o visto la peli tendrá su interpretación.

A mí personalmente lo del sado no me llama la atención, nunca he entendido cuando hablan  de cierto “dolor sabrosito”, pero puedo entender que este “porno para amas de casa” – apelativo que le han dado al libro-  sea atractivo para todas aquellas mujeres que la rutina y el aburrimiento se han apoderado de sus lechos conyugales. Seguramente, verán las 50 Sombras como un  manual de autoayuda  del BDSM que le puede poner fantasías nunca antes imaginadas en su cabeza y un par de latigazos en donde la espalda pierde su noble nombre.

Me parece que si éste o cualquier libro es útil para revivir  una fría relación de pareja  es válido, si te ayuda a salir de tus parámetros y límites,  perfecto.

Estas incursiones considero que deben hacerse cuando ya has probado muchas cosas y hace rato que no le pones un poquito de picante al asunto; cuando realmente te conoces bien y sabes qué te gusta, cómo te gusta;  cuando te permites ir un poco más allá en la cama con  quien confías a ciegas o ciegamente (como lo prefieras); cuando tienes criterio para saber hasta dónde quieres llegar; cuando puedes decir tranquilamente no y cuando experimentando descubres cosas inimaginables de tu pareja o tuyas que te acerca a ella, te hace sentir cosas nuevas y te saca de la rutina.

Lo que me parece un despropósito es pensar que este libro pueda convertirse en parte de la educación sentimental de miles de chicas jóvenes que sin saber muy bien de qué va la vida, en qué momento entra la rutina en la vida sexual de una pareja y que no saben que para embarcarte en  semejante aventura creo que debes ir de la mano de alguien con quien tengas muchísima confianza porque según dicen estas prácticas tienen un modo  seguro, sensato y consensuado y esto no funciona si la compañía es un noviecito de vacaciones de verano.

En conclusión, una joven normalita más bien ingenua puede llegar a creer que si se deja dar unos azotes de su nuevo y apuesto novio puede terminar casada con un millonario y muchas ya sabemos que eso no es así.

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