Del maldito egocéntrismo que tenemos todos. Sí, incluso usted, que cree que no.

por Laura Andrea Torres


Les voy a contar una pequeña historia sobre una amiga cuya idea de relación es distinta a la de los demás. Y no está mal, además, yo no vengo acá a hacer juicios de valor sobre lo que ella hace o no. Hay personas que comparten la idea de que una relación abierta es una buena opción, y desde cierto punto puede tener lógica, porque estar con otras personas (en un plano meramente físico) puede ayudar a que la relación no se oxide o se deje ahogar por esa monotonía agobiante. Funciona muy bien si su pareja piensa igual; ahí todo va de maravilla. El problema, que es la raíz de muchos más, es que las personas no pensamos ni vemos el mundo de la misma manera. Es cierto que coincidimos en algunos puntos, pero en el fondo, cada cabeza es un mundo con ideas diferentes.
Bueno, ¿y que tiene que ver mi amiga en este cuento que les estoy echando? Para resumir: empezó una relación abierta con alguien, quien tiempo después se cansó y le pidió que fueran algo más serio; ella conoció a otra persona y quería estar con él también, así que no podía decidirse entre uno y otro. Y para sumarle, en sus palabras: “no entiendo por qué se enojaron cuando sabían que salía con otros”. Es verdad, no hay razón para molestarte cuando ambos sabían que su relación era abierta y tenían la libertad de estar con otras personas, pero un momento: el ser humano no es de piedra y para algunos es más sencillo asimilar el hecho de que su pareja quiera estar con alguien más (y al mismo tiempo con ellos) que para otros. Quiero aclarar que yo no estoy escribiendo sobre relaciones, ni mucho menos sobre el chisme de mi amiga, sino que su situación se adapta perfecto a algo en lo que he estado pensando los últimos meses.
El etnocentrismo es un término antropológico que se refiere a esa manía o tendencia, como lo quieran llamar, que tenemos las personas de juzgar e interpretar otras culturas a partir de la propia, lo que lleva a creer, por un lado, que lo que hacen los individuos pertenecientes a otras culturas está mal, y por otro, que la nuestra es superior a las demás. Este término se puede reducir a un plano individual y podría explicar muchos fenómenos. Hablemos entonces del tan conocido egocentrismo que nos tiene jodida la existencia. Y es que, ser egocéntrico no es únicamente adorarse por montones y pasar una vida halagando lo supuestamente perfecto que se es, sino que, como consecuencia de lo anterior, ser egocéntrico implica considerar que las opiniones de otros son menos importantes que las propias, y que lo único existente y válido es lo que uno piensa.
Ya había aclarado que todas las personas viven, piensan y sienten distinto; cada cabeza es un mundo. El conflicto viene cuando los seres humanos, porque somos tercos y egoístas, tendemos a juzgar el mundo (la mente, las creencias) de otros con base al nuestro. He aquí el problema de por qué para algunos es difícil entender los motivos que llevaron a alguien a suicidarse, y peor aún, creen tener el descaro de juzgar dichos motivos. Lo mismo pasa con los sentimientos y la manera de querer de las personas. Yo soy una persona seca, según mi amigos soy una ingrata, y además, soy alguien no sabe expresar lo que siente (no sé cómo no me han mandado al carajo). Muchas veces caigo en el error de creer que la gente que me rodea es igual y por eso no tengo el mínimo de consideración con ellos. Por esta razón a veces termino, por ejemplo, respondiendo mensajes en Facebook o WhatsApp tres días después, o perdiéndome sin razón aparente de la gente que me quiere. Y no es que no los quiera, simplemente soy así. ¿Entonces qué pasa? No logro entender por qué las personas se molestan conmigo cuando no muestro interés por mandar un mensaje o expresar mi cariño, y esto pasa porque, erróneamente, llego a olvidar que no todos piensan y creen como yo, y por tanto, no quieren de la misma manera. Estoy consciente de mi error, pero admito que en el fondo me vale verga, porque me gusta ser así.
Y lo mismo pasa con la situación de mi amiga. Ese “no entiendo por qué se enojaron” tiene su explicación en lo que acabé de decir. Se enojaron porque ellos no sienten ni quieren igual que ella, porque tienen maneras distintas de expresar su cariño y por ende, la idea de relación que hay en sus cabezas difiere drásticamente de la de mi amiga. Pero eso es algo que ella no puede entender, y no digo que esté mal, porque todos los seres humanos cometemos ese error.
Sé que de este tema se ha hablado miles de veces y que lo que escriba acá no va a aportar nada nuevo, no obstante, si me gustaría dejar la reflexión de que este egocentrismo no hace más que lastimar a quienes nos rodean. Cuando se trata de querer, obviamente hay dos personas implicadas que ven y sienten distinto. Pero el creer que esa persona tiene que acoplarse a nuestro estilo de vida, porque caemos en el error de considerar que es el único correcto, o peor aún, solo el único, es una terrible equivocación que hiere a ambos. Así como yo soy una ingrata, o mi amiga no puede entender la rabia de sus compañeros (o lo que sean que aun no logro entender), los seres humanos deberíamos tener un poquito de consideración con los demás, ponernos en los zapatos del otro y entender que su mundo es diferente. Que yo ame de cierta manera a los demás, no quiere decir que los demás amen igual que yo.
Es difícil, lo sé, más cuando, como en mi caso, a la persona le gusta y se le facilita ser así. A mí me gusta estar sola y que me dejen estar sola, pero no toda la gente que quiero piensa igual. Vamos a ver si dejo la ingratitud y el desprendimiento y empiezo a expresar más lo que siento, porque de verdad lo hago. Y lo mismo para mi amiga, quien ya admitió que es egoísta y que debe pensar en qué es lo más justo para todos, y no sólo para ella. Nadie está dispuesto a admitir que es egocéntrico, porque estamos cegados bajo la idea de que tener el ego alto implica creerse la puta mierda lo mejor, y hasta ahí no más. Muchas veces ignoramos que ponemos por encima de todo y de todos lo que pensamos, subestimando lo que piensan los demás. Ahí dejo esa reflexión cliché de la que tenía unas ganas perras de hablar.
@lautomar

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