La intolerancia hecha país: bienvenidos a Colombia*.

por Laura Andrea Torres


*Antes de empezar quisiera aclarar que Colombia es un país al que quiero mucho y que está lleno de gente bonita. Pero... siempre hay un pero.

Homofobia; racismo; xenofobia; regionalismo; etcétera. Eso es Colombia (o al menos gran parte de su población lo es) y a mí como colombiana me duele vivir en un país tan intolerante. 

Hace unos días se volvió viral una foto que Paul Henson subió a Facebook; muchos portales de noticias estadounidenses publicaron la noticia de  la mejor respuesta que un papá pudo darle a su hijo cuando éste quiso disfrazarse de la princesa Elsa para Halloween y, contrario a lo que sucede en este país, las personas aplaudieron este simple gesto.

“Anyone that knows us, knows we generally let Caiden make his own choices, to an extent. Well, he has decided on a Halloween costume. He wants to be Elsa. He also wants me to be Anna. Game on.
Keep your masculine bullshit and slutty kids costumes, Halloween is about children pretending to be their favorite characters. Just so happens, this week his is a princess”

“Cualquiera que nos conozca sabe que generalmente dejamos que Caiden tome sus propias decisiones. Bueno, él ha decidido lo que quiere ser en Halloween. Desea ser Elsa, y además quiere que yo sea Anna. Guárdense su porquería de la masculinidad. Halloween es acerca de los niños queriendo ser como sus personajes favoritos. Así que esto sucede, esta semana él es una princesa” fue lo que escribió Paul en su Facebook cuando publicó la foto.

Esta mañana Blu radio compartió en su página de Facebook la misma noticia, y ¡oh sorpresa! La tendencia intolerante de nuestro país lleno de homofobia salió a relucir. Si pensábamos (o al menos yo) que el procurador Ordóñez era un loco que hablaba sin parar, bueno, pues no. Muchos colombianos son la expresión pura de homofobia, sexismo, regionalismo, etcétera. Y yo no soy más que la pobre tonta que lucha contra la corriente de un mar repleto de intolerancia.

No soy partidaria de esa lambonería que muchas personas de este país le tienen a otras naciones. Que lo de acá está mal, que Colombia sólo es un país tercermundista, que somos una parranda de indios incultos, que Europa y Estados Unidos son lo mejor, etcétera, etcétera. No, yo no creo nada de eso ni mucho menos pienso que el mejor referente que podríamos tener es Estados Unidos. Al menos no en cuestiones económicas, pero culturalmente la cosa es distinta. Todo mal con la cultura de este país, todo mal.

Mientras de un lado la respuesta es que Paul hace un trabajo excelente como papá, acá se pueden leer comentarios completamente ignorantes según los cuales esto sucede “por ponerlo a ver películas mariquitas”. Pero analicemos las cosas bien, con cabeza fría y no con esta rabia que me motiva a escribir esta entrada. Es cierto que no se le puede pedir a una cultura que de la noche a la mañana transforme sus concepciones ideológicas. Es cierto que Colombia aún no ha dado el paso gigante que implica entender que lo que somos como hombres y mujeres sólo es una construcción social. Este país es víctima de la violencia física, mental y moral causada por la imposición de estereotipos sin fundamento alguno. Colombia es una nación en la que a los niños se les cría para ser varones, “machos peludos” y a las niñas bellas princesas y damas refinadas. A mí, personalmente me sorprende ver el machismo que invade a algunas mujeres que creen nosotras sólo somos buenas para hacerle caso al hombre de la casa; este es el país de “es que él me pega porque me ama”.  Todo esto es cierto, pero lo anterior no implica que las personas no deban hacer un mínimo esfuerzo, aunque sea chiquitico, para abrir su mente. Nada más vean el contraste tan berraco de opiniones que les voy a dejar acá:

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No todo es malo, claro. Hay varios movimientos y organizaciones colombianas que están luchando porque las cosas cambien en este país. Por ejemplo, el activismo judicial que ha motivado múltiples cambios en la nación no es algo que ocurrió de la noche a la mañana. Si bien es cierto que la comunidad LGBTI no puede hacer efectivo el pleno goce de sus derechos, las cosas van cambiando poquito a poco. Yo sólo tengo un llamado de atención para quienes aún no son capaces de entender que un niño que desea ser una princesa en Halloween no es “un marica, un roscón, ni un cacorro”; ni el padre es un degenerado alcahueta que “ya tiene que salir del closet”. Estas personas que tanto afirman con pecho al aire como si fuera a causa de ellos que “esos gringos cómo son de avanzados” (cosa que no comparto del todo), deberían también admitir que cuando se trata de tolerancia, de aceptación a la diferencia, no son ta(aan)n malos. Falta abrir la mente, y a mí me duele que un país al que quiero tanto esté repleto de tantas (no todas, claro) personas que son incapaces de hacerlo porque no quieren.

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