La justicia en Colombia no tiene rostro de mujer

por Ana Lucía Rey


En la noche del martes, y ante el asombro y rechazo de miles de colombianos, se anunció la preclusión del caso de la periodista Jineth Bedoya y la posterior orden de libertad del paramilitar Alejandro Cárdenas, alias ‘J.J.’, identificado por ella misma como su agresor. Simultáneamente, se aprobaba la Ley Rosa Elvira Cely, que castiga severamente el feminicidio en Colombia.

Tras permanecer recluido en la cárcel La Picota, desde 2012, la Fiscal 49 de la Dirección de Derechos Humanos le dio la boleta de libertad, asegurando que no había las suficientes evidencias. Como si el testimonio de Bedoya, víctima de secuestro, tortura y violación, no fuera una prueba reina de la investigación. La pregunta es ¿Qué más necesitaba la Fiscalía para que ‘J.J.’ fuera declarado como el agresor de la periodista?

Finalmente, pese a la mirada incrédula de muchos -como yo- el paramilitar salió de la cárcel, burlándose de la justicia y dejando el caso archivado.

Es indignante que la larga batalla que esta mujer ha sorteado en defensa de los derechos de las mujeres, desde que 20 años atrás fue víctima de todo tipo de agresiones sexuales y psicológicas por parte de un grupo de paramilitares -entre los que se encontraba Cárdenas-, se vea estancada por la ineptitud de la justicia colombiana.

Un caso más para archivar, una más de las mujeres que aún siguen esperando que sus victimarios paguen lo que les hicieron, al menos a la Justicia, porque los daños psicológicos de este tipo de hechos suelen ser irreparables.

¿A qué jugamos?

Mientras esa noche se aprobaba en último debate en la Cámara de Representantes la Ley Rosa Elvira Cely, que categoriza el feminicidio como delito, con penas de 50 años para quien lo cometa; Bedoya conocía la decisión con respecto a su caso.

“@FiscaliaCol ordenó libertad de uno de mis violadores. Tengo el corazón golpeado y la dignidad intacta”, aseguró en su cuenta de Twitter.

En ese orden de ideas, aún no logro entender cuál es el mensaje cuando se aprueban proyectos de ley tan importantes como este, para garantizar una sociedad en la que las mujeres podamos caminar sin miedo por las calles; pero, a la vez, se le da una bofetada a una de las defensoras más aguerridas de nuestros derechos.

Leyes como la Rosa Elvira Cely hacen que recupere la esperanza en la sociedad colombiana; mas, al conocer este tipo de decisiones de la Fiscalía –absurdas, por cierto- , tengo una sensación agridulce en cuanto al atraso en el que aún nos encontramos, respecto a la garantía de los derechos de las mujeres en Colombia.

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