La mente de los hombres trabaja a media marcha

por Ana Lucía Rey


He llegado a la conclusión de que los hombres, por más buenos que sean, tienen un defecto de nacimiento, tan inherente como su masculinidad: un cerebro que funciona con efecto retardado.

Esperar que un hombre piense antes de actuar es como pedirle peras a un olmo. No es cuestión de paciencia, solo se trata de entender que ellos, por más que lo intenten, siempre tienen una tendencia a ‘embarrarla’ todo el tiempo, aunque después pidan perdón.

Seguramente las mujeres que están leyendo entenderán mi sentir y los hombres, en medio de su extrema racionalidad para todo, también.

Mi intención no es decir que les falta cerebro, ni mucho menos; solo que, en contraste con las mujeres, actúan dominados por su ser racional y por eso creen que siempre hacen las cosas bien. Y no.

-Oye ¡No hemos hablado hoy en todo el día!- dice ella.

– ¡No me deja respirar! ¡Qué mujer tan asfixiante!- piensa él.

¿Les suena? Este es un caso que no se aleja de la realidad. Y los hombres, en vez de entender que les hacemos este reclamo porque los extrañamos, lo ven por el lado de que los estamos invadiendo. Sin embargo, nunca se dan cuenta en el momento, siempre lo harán mucho después. Muy tarde.

Ocurre lo contrario cuando nos dicen que los acompañemos a una reunión familiar, a planes con sus amigos o a practicar el deporte que tanto les gusta. Nuestro primer pensamiento nunca será  “¡Qué pereza! No entiendo porque no puede ir solo” . Por el contrario, iremos sin ningún reparo, solo porque sabemos lo importante que es para ustedes ¿Ven la diferencia?

No los culpo. Entendernos tampoco es fácil, pero hacerlo con ustedes creo que es aún más complejo.

El hecho de que la naturaleza masculina sea tan básica, no quiere decir que sea sencillo comprender el porqué de sus reacciones o lo mucho que tardan en darse cuenta de que están haciendo algo mal.

Es como si actuaran y, a los días despertara la voz de la conciencia; mientas nosotras, en medio de la impotencia, esperamos a que reaccionen.

No miento. A veces, es muy frustrante. Pero ahí,  tal vez, la clave es que aprendan a ver más allá de las situaciones y analicen cuál es el trasfondo de nuestras exigencias. Que no solo decimos las cosas porque nacimos con la cantaleta en nuestros genes, sino porque queremos lo mejor para ustedes y la relación.  Simple, solo hay que intentarlo.

En Twitter @AnaLuRey

 

 

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