Ser madre no es un juego: carta a mis lectoras indignadas.

por Yuly Romero Garzón


Siento la necesidad de dedicar mi cuarta entrada-carta a todas las personas que se tomaron un tiempo para leerme y dejar sus comentarios -negativos o positivos- en redes sociales. Para mí son opiniones válidas que desde su propia experiencia de vida me dan la razón.

No quiero imponer mi opinión ni herir susceptibilidades, solo busco la posibilidad de decidir por mi propia cuenta y libre albedrío en medio de una sociedad manipuladora que idealiza a la mujer como un recipiente para la maternidad. Quiero hacer surgir la duda sobre cuál es el verdadero egoísmo, el de quienes buscan “obligar” a las mujeres a cumplir su rol como hembra de una especie o quienes como yo, buscamos la felicidad sin importar ir contra la corriente o lo “natural”.

“Debería quitarle el “querido Joaquín” no le queda para nada si no lo quiere pues no lo tenga, en vez de andar publicando el fastidio que tiene” me escribió una lectora (cuyo comentario original incluyo en una selección que hice más abajo). No puedo quitarle el querido porque lo es realmente; él ha sido mi sueño durante muchos años. Es tan querido que, para tener su compañía, quiero asegurarme de que venga a ser y a hacerme feliz, porque nunca me perdonaría sentir una pizca de arrepentimiento. En estas cartas solo escribo sobre lo que veo y escucho, siendo lo más sincera posible conmigo misma y con quien sería mi hijo, de igual forma expongo mis temores y cuestiono la idea de que ser mujer es sinónimo de ser madre.

“Puede ser egoísmo, pero es una decisión de vida que considero respetable, así como muchas mujeres deciden traer al mundo a bebés no planeados. Es respetable que muchas mujeres decidan simplemente vivir su vida al lado de una sola compañía, esposo o pareja, como dice una canción, ‘cada quien con su cada cual”. Este es un comentario con el que me identifico, sin embargo, es difícil tomar decisiones cuando la sociedad, las instituciones que conocemos y las personas con las que crecimos idealizan y sueñan nuestro propio futuro, sin siquiera consultarnos.

Algunas personas me han atacado por ejemplo por querer un espacio más grande para mí y para mi pareja, tanto a nivel espacial como temporal; y me invitan a ser madre porque es un “milagro” de la vida. Pero, ¿es realmente un milagro ser madre o más bien una aceptación de la vida como va llegando? A quienes me señalan como una mala persona, o como una “frustrada”, por las decisiones que quiero tomar sobre mi vida les afirmo lo siguiente: sí querer ser madre por convicción y no porque es una etapa que me toca como mujer me convierte en una egocéntrica. Entonces sí, me declaro culpable.

Siento que muchos todavía no entienden el objetivo de mi blog. Tal vez no han leído las entradas anteriores, pero no busco atacar a las madres o a las que con pasión se declaran felices de serlo, al contrario las admiro, de lo contrario sería la peor de las hijas o la tía más inhumana, mi madre lo dio todo por mí y mis hermanos, y a ellos les agradezco la alegría de tener siete sobrinos a los que amo profundamente y por los que doy todo.

Mi decisión no está tomada y agradezco a todas las personas que hicieron un alto en su camino para indignarse o darle un “urra” a mí decisión. Gracias por hablarme de su buena experiencia como madres, seguramente si al final de este recorrido, Joaquín decide venir, seré una más de las que apoya y defiende este rol, tal como lo hago hoy con el matrimonio -la mejor de decisión si se hace con amor y convicción-, porque en efecto este blog “lo escribe alguien que claramente no tiene el placer de ser mamá y quién espera de todo corazón que si llega a quedar embarazada sea la más dichosa entre las dichosas”, como lo puso una persona muy comprensiva.

Tener un hijo yo lo miro como un proyecto muy grande que te exige responsabilidad, paciencia, constancia, empeño, sacrificios. A pesar de no poder ir a fiestas y de viaje todo el tiempo y todas esas cosas mencionadas no me arrepiento de haberme convertido en madre”. Ni soy la más banal que solo vive por las fiestas, porque prefiero una copa de vino en casa con mi esposo que tratar de encontrar un lugar sin invasión reguetonera; como tampoco soy la más constante de las mujeres.

Por último, a quienes me atacaron por haber hecho la enumeración de los placeres que uno podría perderse como mamá, quiero que sepan que no soy banal por pensar en ello, ni sumisa, ni dedicada, ni superficial, ni egoísta, solo un ser humano que sin importar el género, ni el rol que “debo” asumir ante la sociedad, busco envejecer con amor y tranquilidad, sabiendo que pude decidir y tomarme el tiempo para pensar muy bien en lo que considero, es la decisión más importante de mi vida.

“Querido Joaquín le pido a Dios que llegues a una pareja que haya vivido ya lo suficiente en pareja como para ser lo suficientemente estable que les permita amarte y disfrutarte tanto como tú a ellos, conocer el mundo porque también podemos viajar a conocer el mundo cuando tenemos hijos, y sobre todo que te deseen en sus vidas y que estén listos para tan hermosa práctica como lo es ser padres”. Un buen comentario excepto porque Joaquín es egoístamente mío, yo lo soñé, planeé su nombre por uno de mis más grandes ídolos y es a mí a la que inquieta con pensamientos como “¿se parecerá al papá o a mí?”.

Si viene, lo hará a la vida de una pareja lo suficientemente estable y responsable, que sabe que traer un niño al mundo no tiene nada que ver con “jugar al papá y a la mamá”.

Finalizo resaltando algunos de los comentarios que, de ambos lados, me llamaron la atención…

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