Consignas familiares que nos limitan

por alejoretamal


Prosperidad

La mujer había venido a consulta por un tema de prosperidad. Preparada y con altas calificaciones profesionales no entendía como seguía viviendo en casa de su madre a sus cuarenta años. Se recriminaba por elegir trabajos poco remunerados y cuando de manera excepcional el dinero le fluía lo invertía en malos negocios que resultaban en catastróficas pérdidas. Pero no era la única, sus dos hermanos menores adolecían del mismo tema. A pesar de una educación privilegiada y estar rodeados de condiciones sociales que favorecían cualquier emprendimiento, en todos ellos la limitación económica era la regla.

 

Buscando las razones de comprometer su bienestar económico encontramos algo revelador: su madre, desde hace años enferma, les había dicho y repetido a sus hijos por décadas: solo voy a descansar en paz hasta verlos a todos bien organizados. Esta frase lapidaria, aparentemente motivacional, encerraba una trampa, un doble mensaje: que sus hijos alcancen la prosperidad era la señal de que ella se podía morir, o en otras palabras, la prosperidad de los hijos significaba la muerte de la madre”. Obviamente el mensaje del cual no eran conscientes arrinconaba a los hijos en un dilema imposible de resolver: el éxito de ellos implicaba convertirse en matricidas.

 

Estas formas de comunicación pueden recorrer todo el árbol parental. Se convierten en sentencias que limitan el acceso a la salud y la realización personal. Son fijadas desde la infancia a través de las consignas que los hijos reciben de sus padres. Los mensajes con doble vínculo, como los denominó el lingüista Gregory Bateson se establecen de esta manera. Un ejemplo es cuando el padre le dice a la niña que sacó excelentes calificaciones: “¡Felicidades! pero lo puedes hacer mejor”. Por un lado la aprueba y por el otro la desaprueba. Otras veces sucede cuando los padres fomentan la expresión de la niña pero al ella llorar le piden que se calle. Es un fenómeno de comunicación que pone en tensión al receptor dado la imposibilidad de resolverlo de manera adecuada.

 

Candados de comunicación como estos impiden el libre fluir de nuestros intereses y pueden ser precursoras de enfermedades mentales. La necesidad de descubrir en nuestro lenguaje estos dobles mensajes y pedir claridad para salir de sus encrucijadas es fundamental si se quiere restablecer el vínculo positivo con los aspectos implicados, como la prosperidad en el caso de la mujer.

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