Mujer antes que madre

por Julia Alegre


España es un hervidero desde que una de las diputadas del recién constituido Congreso apareció en la sesión inaugural acompañada de su hijo de algo más de cinco meses. Diego, como se llama el crío, se convirtió en el gran protagonista de la cita y en el bebé más famoso del país, dejando el tema político aparcado

Las redes sociales no tardaron en hacerse eco de este hecho insólito, que sólo se había producido con anterioridad en 1991. Pero, más allá del shock inicial que se suscitó, el debate se centra ahora en la pertinencia de la decisión de Carolina Bescansa, diputada por el partido Podemos (izquierda), de llevar al pequeño al hemiciclo.

No es que Bescansa no tuviera otra opción. La Cámara baja española cuenta con una guardería de pago (30 euros el día; casi 110.000 pesos colombianos) instaurada en 2006, con 45 plazas habilitadas y un servicio de urgencias. Por si no fuera poco, y según fuentes, la politóloga y socióloga acudió al Congreso en compañía de una niñera con la que perfectamente podría haber dejado al niño mientras ella asistía a la sesión constitutiva.

Lo que buscaba con este gesto, según se ha dicho, es alertar sobre las dificultades que se les presenta a las madres para conciliar la vida familiar con la laboral. Algo que no sucede sólo en España.

Colombia no es ajena a esta realidad. La diferencia es que la mayoría de madres trabajadoras, ya sean españolas o colombianas, no tienen los recursos de Bescansa para costearse una niñera. Mucho menos las facilidades para poder dejar a sus hijos en una guardería ubicada en su mismo centro de trabajo.

Solidaridad con el resto de madres hubiera sido hacer uso de esas ventajas y, paralelamente, reivindicar durante su intervención la necesidad de que se favorezca una verdadera conciliación laboral y familiar, para que aquellas mujeres que decidan tener un hijo puedan ser, además de madres, trabajadoras eficientes. Grandes profesionales que no deban desatender sus responsabilidades laborales por tener un hijo.

La conciliación no es que la madre tenga que desarrollar su jornada laboral acompañada de su hijo una vez se incorpore de nuevo al mercado. Conciliar es que la madre pueda desempeñar sus diversas facetas en pleno ejercicio de sus derechos. Y ser una trabajadora, si es su decisión, es uno de estos roles.  De ahí la necesidad de exigir una política de Estado que brinde las garantías para ello: ampliación de licencia de maternidad y paternidad en igualdad de condiciones y guarderías en los centros de trabajo, por ejemplo.

Porque una madre debe ser mucho más que eso: una mujer que no desatiende el resto de sus obligaciones, ambiciones y sueños. Menos por la ineptitud de un estado y su incapacidad de brindar garantías y derechos.

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