De cuando llegas tarde y otras desgracias…

por Ángela Martínez Lago


Esta entrada es quizá la más romántica que les vaya a escribir alguna vez, pero sí, soy romanticona por convicción, y no lo niego, me encanta ser así. Entonces, les explico, no es que yo sea una impuntual empedernida, para nada, esto es algo más allá, es de cuando llegas tarde a la vida de alguien, o cuando ese alguien llega irremediablemente tarde a la tuya.

Ustedes y yo sabemos que cuando hay atracción se siente, no hace falta decirlo en voz alta, eso se siente y ya. Es más, es hasta más emocionante cuando el feeling es tan fuerte que sin media palabra ambos podemos saber con certeza que hay algo; un no sé qué, yo sí sé dónde.

No sé si les ha pasado, por lo menos a mí me ha pasado unas cuantas 54 veces; conozco a un tipo divino, hay miradas coquetas llenas de fuego, tenemos las conversaciones más interesantes del mundo, nos sentimos tal para cual, nos desvelamos pensando el uno en el otro (o por lo menos eso creo yo), nos escribimos como “amigos”, nos llamamos, nos compartimos memes estúpidos… pero nada que hacer, o él tiene novia o yo tengo novio, o vivimos en diferentes continentes, o sencillamente no puede ser, porque no y porque no. Porque llegamos tarde, porque la vida sigue corriendo y no podemos pretender que se va a detener y a esperar a que llegue esa persona. Punto.

La última vez que me pasó, fue la peor, la más triste, la que más dolió y la que aún recuerdo, porque lo bueno que sí tienen estas cosas es que suelen ser pasajeras, y una vez duelen lo que tienen que doler, siguen su camino sin luto ni llanto. Sigo, la última vez que me pasó, yo era una soltera común y corriente que se juraba viviendo la vida loca, y por vida loca entiéndase nada, no hacía más que leer, ver dos películas al día y salir los sábados con mis amigas en busca de algún tipo interesante, pero como era de esperarse, terminábamos ebrias antes de que el hombre interesante apareciera. Y un día cualquiera, lo conocí a él, EL tipo de mis sueños, un man que no se imaginan, de otro mundo, divino, inteligente, gracioso, inteligente, con unos ojos divinos, inteligente, culto e inteligente.

Y es que sí, en cuanto a hombres, mi grandísima debilidad son los que brillan por ser absurdamente inteligentes, que me hagan reír con algo más que lo típico, con algo más que un mal chiste o alguna vulgaridad, tipos con humor interesante y con ideas elaboradas. Que me entiendan cuando hablan y que me hagan leer para entenderlos, en fin, tipos que reten mi inteligencia. Este tipo era eso y más.

Es que no sé ni cómo contarlo para que se imaginen lo emocionante que fue conocer un tipo que no solo fuera absurdamente interesante, sino que además me ofreciera conversaciones loquísimas, gustos musicales exquisitos y miradas que me asesinaban en cada parpadeo, y no exagero, así era, así me tenía ese estúpido que apareció en el momento menos perfecto en el que se puede aparecer. Y siendo sinceros, no había manera en que pudiéramos funcionar; no vivíamos en el mismo país, ni siquierita en el mismo continente, nos conocimos ambos de paso en una ciudad diferente a la nuestra, pero en verdad el freno más grande que tuvimos es que él tenía novia. Verán, yo puedo ser loca loquísima e impulsiva a veces, pero si hay algo que respeto y que me frena, es la fidelidad, ni metería cacho ni me apuntaría a ser la cachona, ¡no, señor, eso conmigo no va!

Hoy, unos años después de ese suceso, me detuve a pensar en esas situaciones. Cuando alguien llega tarde a tu vida se siente muy feo, te vuelves más impotencia que persona, es sencillamente tortuoso, te desgarras pensando “si lo hubiera conocido hace 5 meses”, “si tan solo nos hubiéramos besado pa’ ver qué tal”, “si él no tuviera novia”, “si yo no tuviera novio”… Así que decidí verle el lado agradable, así nos pasaba en el colegio y en la universidad, llegabas tarde y tenías tres opciones: 1. No te dejaban entrar a clase, 2. Te dejaban entrar, pero por llegar tarde te perdías de muchas cosas interesantes, 3. El llegar tarde no era tan grave porque aún no habían explicado nada interesante.

Digamos que a mí me pasó la número uno, llegué muy tarde a la vida de él, y nada, me resigné, pero luego conocí a otro que no solo me ayudó a adelantarme, sino que me hizo entender por qué había llegado tarde a una parte, y era tan sencillo; el llegar tarde a una parte, me había hecho llegar temprano a otra mucho mejor.

@AngelaMartinezL

*Entrada publicada por primera vez en Dosviejasyunblog.com* Los invito a que lo visiten y lean otras cositas que escribo con otra vieja.

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