¿Y si fuera mi él?

por No estamos tan jodidas


¿Y si mi él está realmente destinado a ser mi él?, esa es una pregunta que me hago todos los días; cada día es mas complicado, ¡pero obvio!, ¿quién dijo que aquello de las relaciones es fácil?, ya es bastante difícil tener una relación con uno mismo, ahora para tener una relación con otro individuo, lidiar con otros demonios, otros bochinches, otros caprichos (en mi caso, soy demasiado consentida). Y es que cuando uno permite que alguien más entre en ese plano de intimidad (por intimidad no entienda solo sexo) se está arriesgando a entregar a ese personaje un arma de destrucción que uno espera que no use. Uno sabe que entregó esa arma en el momento que uno quiere huir, pero ya no puede, es ahí cuando uno sabe que se enamoró y que está al descubierto con el sujeto en cuestión. Obvio no es premeditado, o díganme ¿quién planea enamorarse?. Y no es que él me hiera, no señor, y sé que no quisiera hacerlo (o eso espero), pero el solo hecho de que no sea capaz de correr a mi lado ya es un factor hiriente, que paso por alto cuando vuelvo a verlo. ¿Es que a quién no le da vuelcos el corazón cuando se mira en los ojos de esa persona?. ¿Quién no se ha creado en su cabecita películas de momentos que desea?, conversaciones que probablemente nunca se llevarán a cabo, entre otras. Yo he creado esas conversaciones mil veces, por ejemplo mi mente ha volado hasta un momento hipotético en el que mi él decide correr a mi lado, y trato de imaginar cómo sería mi reacción, seguramente solo quedaría sin palabras, por lo que mi él creería que me asusté y quiero huir (lo conozco). Pero no todo es bonito, cuando se enoja conmigo por cosas sin sentido, también pienso en cómo podría sobrevivir a las peleas si estuviéramos juntos, a lo que encuentro la respuesta cuando se me pasa el enojo, ahí está la magia del amor, no importa cuánto se enoje y cuánto me haga enojar, si después de que se me pasa aún quiero volver a verlo y abrazarlo aún con más ganas. Aún cuando quiero tirarlo por una ventana (metafóricamente hablando), el corazón grita “aguanta una vez más”, aún cuando no se va, ni tampoco se queda. Todas las personas siempre estamos en busca de algún tipo de “estabilidad”; con lo que no voy, es cuando esa “estabilidad” cuesta lo que realmente queremos hacer; bien dicen que la zona de confort es un hermoso lugar, pero NADA crece allí, mi zona de confort se encontraba en aquél lugar donde se encuentran las solteras que no se enamoran (o que no quieren enamorarse), si yo no hubiera salido de ella, no sabría de las cosas bellas que me estaba perdiendo por andar saboteando a cuanto sujeto se me acercaba porque me creo caída de quién sabe dónde.

Al contarles todo esto quiero darles un consejo: ¡SALGAN DE SU ZONA DE CONFORT!, Si lo hacen, hay probabilidades de que se equivoquen, eso está claro, y si se quedan también existe la gran posibilidad de estar cometiendo el error de sus vidas y adicional a ello, JAMÁS sabrán qué hay allí afuera, qué tiene el mundo para ofrecer, nunca sabrán cómo hubiera sido.

 

Martina.

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