EL ESPEJO, LOS SILENCIOS Y YO

por Adriana Conrado


Cada vez que alguien… (borro), mejor digámoslo así: cada vez que una mujer viaja sola, hay miles de preguntas que resultan del otro lado del interlocutor, como por ejemplo: ¿Qué vas a hacer sola? ¿por qué vas a viajar sola? ¿no hay nadie que te reciba en el aeropuerto? ¿sabías que hay muchos peligros en los aeropuertos si ven a una muchachita sola y tan joven?

La verdad es que no podemos dejar de escuchar a nuestro interlocutor, y por supuesto, no podemos dejar de escuchar los miedos, sin hacerles frente.

LLORAR, MEDITAR, DISFRUTAR.

Luego de la llegada a la ciudad de Buenos Aires, durante los primeros quince días me sentí más sola que nunca, anhelaba llegar a mi casa y sentarme a hablar con mis hermanas, molestar a la pequeña y hacerle bromas a mi mamá.

Mis compañeros de apartamento no eran suficiente consuelo para mí, sin embargo, trataba de hablar con ellos lo más posible y estar ahí para los planes que deseaban hacer. Socializar en ese momento era importante.

Pero dentro de mi mundo, sólo pensaba en volver.

No había terminado de llegar y ya pensaba en volver.

 “¿Y si me regreso y tomo éste viaje como unas vacaciones?”, pensé.

Ilustración por Gato RC
Ilustración por Gato RC

 

Porque Buenos Aires no me cayó bien en un principio, no me hallaba en esta ciudad y la verdad, sentía que me ahogaba. No podía ver el cielo abierto, a menos que fuera a una plaza, o en la Av. 9 de Julio; no tenía amigos, ni familia, nada.

Mis lamentaciones las expresaba sola en mi habitación. A mi pareja le decía que odiaba la ciudad más que nada, y que para mí era todo lo mismo. Me la pasaba prácticamente sola en el día.

Dos meses después de mi llegada, mi cumpleaños se asomaba. Al dar las 12:00 o 00:00 hs del 9 de noviembre, me encerré en el baño a llorar, y de ahí no salí hasta que todos dormían profundamente. No me pudieron felicitar hasta que amaneció.

Por aquel entonces, atendía y administraba una tienda de zapatos (como les comenté en el post de Se dice ¡Sorbete!”), que tomé como un espacio de escape hacia dentro de mí. Todo este tiempo viviendo afuera me hizo dar cuenta que las mejores cosas que me pasaron, las viví sola, aprendiendo, meditando, y al final disfrutando.

Hace un par de meses, tomo un curso de Storytelling con una Griot, una mujer que me ha enseñado varias cosas sobre cómo llevar a cabo proyectos y emprendimientos.

En una de sus clases, recordó una anécdota que le sucede cada vez que dice que va sola a una reunión, encuentro o fiesta con amistades. Sus amigos siempre le reniegan “¡Pero vienes sola! ¿Por qué no invitas a X o Y amigo?”, y ella responde, “No voy sola, voy conmigo” y a todos deja callados.

La primera definición que nace de la palabra sola es: único en su especie.

Sí, somos únicos, cada uno y cada una de nosotras, somos únicas, sin repeticiones, sólo nosotras solas.

Así que, si me estás leyendo, si se te dio, por esas cosas de la vida, de hacer click aquí y leer mis palabras, y además si vives en el extranjero o fuera de tu hogar/familiar, debo decirte que: no estás sola, estás contigo, y esa compañía es más que suficiente, porque si te encuentras a ti y te escuchas, sabes exactamente para qué estás ahí. No necesitas nada más.

Recuerdo que recién llegada, un par de meses después, un primo se fue de intercambio a Alemania, estaba muy chiquito cuando eso sucedió, tenía por ahí 15 o 16 años. Me cuenta mi abuela y mi papá, que cada vez que llamaba a casa por skype, le daba mucho sentimiento y lloraba.

Cuando mi primo volvió a casa después de cuatro meses de intercambio, había crecido de tamaño y de corazón, ayudaba a mi abuela a cargar sus bolsas del mercado, era más consciente de lo que otros podían hacer por él, incluso demostraba que realmente le importaba estar con los suyos.

Es que cuando regresas la primera vez que te vas, todo cambia para ti, y la compañía familiar que no tuviste en todo ese tiempo, hoy la aprecias muchísimo más.

"...y amaneció" Ilustración por Gato RC
“…Salir al mundo” Ilustración por Gato RC

 

La idea de salir al mundo, para mí, es crecer.

Llorar, reír, patalear, renegar, todo hace parte de lo que traes contigo, y de lo que te hayan permitido ser en tu hogar. Los otros no son iguales, y ahí te ves sola/o, hacerle frente al miedo de la soledad es lo más hermoso que hay, porque te encuentras a ti en el silencio, frente al espejo, y de ahí no puedes escapar. Por supuesto, necesitas a los demás para compartir experiencias, para socializar y para darte a conocer para tu carrera y crecimiento personal, escuchando las vivencias de los demás. Pero en el momento en que te conectas contigo mismo/a, los demás se convierten en las compañías que tú eliges para seguir creciendo.

Cuando comencé a salir con mi pareja, siempre le reprochaba el hecho de dejarme sola por un par de minutos en una fiesta, o reunión, le ponía mil caras de amargada y de quererme ir pronto, y por supuesto, lo hacía pasar una mala noche al lado de sus amistades.

Después de años de noviazgo y de conocerlo mejor, me di cuenta que no me acostumbre a que me dejara sola en las reuniones, me acostumbre a estar conmigo.

Ya las preguntas de ¿a dónde estaba? o ¿por qué me deja sola? disminuyeron… porque miro a mi alrededor y tengo la compañía que necesito: una cerveza o una copa de vino y yo…conmigo.

"Amanece y somos como nuevo". Ilustración por Gato RC
“Amanece y somos como nuevo”. Ilustración por Gato RC

 

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