EL ESPÍRITU LIBRE

por Adriana Conrado


Durante un largo período de mi vida, intenté no darle explicación a las pequeñas cosas que veía o comportamientos que percibía de otros, sin embargo, sabía que algo más allá de cualquier crianza estaba de por medio.

Mi abuelo paterno, Gilberto, se empecinó un día en buscar las raíces de nuestro apellido, decía que venía de uno de los primeros aldeanos que se asentaron en el municipio de Galapa (en el Atlántico), pero que no sabía de dónde venía en sí; un primo lejano se dio a la tarea de buscarlo, y de decirle que nuestro apellido se deriva de Conrad, apellido alemán.

La verdad, las raíces de los nombres y los apellidos no me parecían algo importante. Lo que sí veía como importante son las cosas que se pasan de generación en generación, y que te acompañan en tu camino para madurar.

Son esas ataduras, miedos, deseos, oscuridades familiares que se transmiten en las etapas de gestación, y que de verdad son importantes en nuestro viaje de la vida, en nuestro vivir.

"Mis miedos". Ilustración por Gato RC
“Mis miedos”. Ilustración por Gato RC

 

Hoy, hablo sobre ellas a través de una historia, porque siento que a mí me transmitieron de generación en generación miedos, deseos, angustias. Ahora me doy cuenta y sé que no puedo escapar de los miedos, debo hacerles frente.

Así que me propuse mirar cada vez hacia adentro y, encontrar aquellas cosas que percibo de mis familiares para romperlo en mí, si no me agradan.

(Sobre éste tema, vamos a seguir hablando después, así que no es de un solo día)

 

Viaje interno

Éste blog ha ido mutando con el paso del tiempo. Con éste post, cumplimos 15 semanas de estar publicando. Algunas han sido difíciles, otras hermosas, y otras complicadas de horarios, pero todas han estado llenas de riquezas y aprendizajes.

Mutamos para evolucionar, según Darwin, y así lo hacemos también con la familia.

Mi viaje a Argentina no sólo fue para estudiar en una universidad distinta y alcanzar mis sueños, fue también un viaje interno que apenas empieza, un viaje del que no me arrepiento y del que creo que aprendí mucho más de mí, que de cualquier otra cosa.

Como tuve mucho tiempo libre en un primer momento de la llegada aquí, pude pensar y re-pensar en temas de convivencia y además en temas de crianzas. (Cómo lo publicamos en el post de CON-VIVIR).

Logré darme cuenta que no me gustaba estar conmigo, al principio prefería la compañía de otros. Gozaba de la buena charla y los paseos, sin embargo, Buenos Aires vino a mí como la soledad.

Por cosas de la vida, recién llegué a la ciudad, me tocó estar sola mucho tiempo, no lo quería así, pero así pasó. Los siguientes cuatro años, a pesar de tener pareja, amigos, de los que disfrutaba mucho su compañía; seguía teniendo más tiempo conmigo que con los demás.

Descubrí que estando conmigo me gustaba estar en silencio. Cero música, cero televisión. Sólo yo, mis trabajos y mis pensamientos deambulantes y terrenales. Así empecé a conocerme.

"Conociendo-me" Ilustración por Gato RC
“Conociendo-me” Ilustración por Gato RC

 

Un día, luego de haber recibido la visita de mi hermana a la ciudad, con quien me divertí muchísimo y pude saber el inmenso amor que siento por ella; cuando la despedí en el aeropuerto, y al regresar a casa, sentí un vacío inmenso en mí, como si me hubiese abandonado, como si no existiera nada en el mundo, y estaba yo, levitando en la nada.

Feo.

Ahí me hizo click todo. Y lo primero que pensé fue cuando mi madre me contaba las historias de cuando ella tenía, alrededor de, cuatro años y se había perdido en el camino de vuelta a casa buscando a su madre en la calle, mi abuela. Sentí su angustia cuando nos contaba la historia, su soledad, su desespero de ver a alguien conocido a su alrededor.

Así me sentí cuando se fue mi hermana. Así me sentí cuando discutía con mi pareja. Así me sentí cuando llegué a Buenos Aires y aún no tenía amigos. Así me sentí cuando estaba conmigo.

No sé por qué ese pensamiento se me vino a la cabeza, justo ese en ese momento, entonces recordé que en Barranquilla, en una charla a la que asistí, una “médium” se me acercó, me miró y me dijo: “Tú tienes una mirada muy melancólica, como si siempre estuvieras triste, llevas muchas lágrimas en tus ojos… ¿por qué no le preguntas a tu mamá qué pasó durante tu gestación?”

Sin decirme más nada se quedó hablando con otro amigo y siguió.

Una semana después le pregunté a mi madre ¿cómo había sido mi gestación?. Ella, sin saber nada de la “médium” , me respondió diciendo que había sido muy triste, y que por motivos ajenos a ella se había quedado casi todo el tiempo sola. Era muy joven, 24 años. Estaban en la flor de la juventud y mi papá quería salir con sus amigos y disfrutar. No lo culpo.

Así, descubrí porque lloraba tanto antes, porque me sentía sola, abandonada y triste.

Eso también lo pensaba en la nueva ciudad donde empecé a habitar, mientras estaba en silencio.

Entonces decidí romper con el miedo a la soledad y al abandono.

Cuando mi pareja, los fines de semana, prefería salir con sus amigos que conmigo, procuraba no reprochar, no hablar, ni mucho menos reclamar. Me decía a mí misma “es tiempo de estar conmigo”. Empecé a conocerme y a descubrir en mí otros miedos, otras oportunidades para entretenerme y emplear mi tiempo.

"Vivir" Ilustración por Gato RC
“Superando miedos” Ilustración por Gato RC

 

¡No saben cómo disfruté de lo poco! Cocinaba para mí, inventaba recetas y las disfrutaba viendo películas. Des-atrasándome de trabajos o poniéndome al tanto de superar otra clase de miedos.

Hoy sé que mi vida es diferente y que, por supuesto, me faltan muchos miedos más por superar que iré contando a lo largo del año por aquí. Mi forma de contarles cómo he crecido.

Estuve conmigo un montón de tiempo, y no fue mi decisión, las cosas se me dieron de esa manera, a excepción de muchas amigas/os que sí han decidido emprender su viaje solas/os, y son conscientes de ello, conmigo no fue así, me fui haciendo consciente a medida que pasa el tiempo.

 

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