LA PRIMERA VUELTA A CASA

por Adriana Conrado


Después de un largo tiempo sin ver a mi familia, decidí en un diciembre visitarlos, por aquello de las fiestas. Las sorpresas que me llevé fueron bellísimas…

¡Va de vuelta!

Luego de haber estado un largo período fuera de casa, las ansias por volver se hacían cada vez más extremas. Era tanta la desesperación que, entre mi hermana y yo, hicimos hasta lo imposible por comprarme un tiquete de regreso al hogar.

Cuando lo logramos, el lío era la fecha y el horario en que podía viajar.

No habían disponibles viajes entre el 19 y 23 de Diciembre, sólo había uno el 24 de Diciembre, hora de llegada 8pm. ¡Justo para la cena navideña!

Y así fue, anduve divagando conmigo por la ciudad, después de ver partir a todos mis compañeros de apartamento.

Hasta que el día llegó.

Empaqué mi maleta con mucha cautela, cuidando que los vinos no se me partieran en el camino, ni que los souvenirs que había comprado (los portavasos con el nombre de Caminito, o el bolso I Love Bs As para mi hna menor) se maltrataran. Caminé buscando cada uno de los regalos con emoción, y rezando para no pasarme de los kilos correspondientes que da la aerolínea.

Estuve temprano en casa de un amigo que casualmente tomaba el mismo vuelo, con escala en Perú, pero su rumbo era México.

Al amanecer ya hacíamos cola en el aeropuerto para entregar el equipaje, y a las 10am llegábamos a Lima. La ansiedad por la cercanía era tal que veía el reloj cada 10 minutos a ver si ya debía agarrar el próximo vuelo. Ahí nos despedimos.

De Lima partí hacia Bogotá arribando a las 2pm o 14hs. Todo había salido bien hasta ahora, pero debía esperar hasta el final de la tarde para poder viajar hacia Barranquilla.

Caminé todo “El Dorado”, esperando llegar rápido para hablar con mis padres y hermanas. La tarde pasó lenta, sin afanes, y entre más se acercaba la hora de partida más lento caminaba el reloj.

"Tic... Toc...Tic... Toc" Ilustración por Gato RC
“Tic… Toc…Tic… Toc”
Ilustración por Gato RC

 

Al fin en la sala de espera, el avión se atrasó un par de minutos, pero ya hacíamos la fila para abordar.

Al aterrizar en Barranquilla, mis nervios se apoderaban cada vez más de mí, era como si nuevamente me lanzara a lo desconocido, y ahí estaban, mi mamá y mi hermana, llamándome por un costado de la barra que nos separaba.

No cabía de la felicidad, al fin ver a mi familia.

Y me dio tanta risa la primera expresión de mi hermana al verme “Ay, está más gordita” , ¡sí! Efectivamente estaba más gorda, ese año y medio de no verlos me aproveché de mis abusos en la comida chatarra, que no me perdí ningún bocado de la deliciosa pizza porteña y subí de peso. Seguido a esos gestos siguieron los abrazos de demás familiares.

Estaba más gordita, pero aún así seguían ofreciéndome más y más comida. Me di cuenta que la navidad no era una buena época para llegar a bajar de peso.

"Comida de casa..." Ilustración por Gato RC
“Comida de casa…”
Ilustración por Gato RC

 

Las fiestas pasaron, y gracias a las largas vacaciones que me daban en la Universidad, pude quedarme un tiempo más. Mis vacaciones fueron de tres meses, tres meses en los que traté de disfrutar el tiempo con cada uno de ellos.

Con mi hermana menor reforcé nuestros lazos de hermandad y amistad, Mander, como yo le digo (en realidad se llama Andrea), me sorprendió por su madurez, sencillez y ternura con la que toma las cosas, y quise complacerla lo más que pude durante mi estancia, quitarle de la cabeza la imagen de la hermana que se había ido y que era insoportable y regañona, ahora era una amiga cómplice que estaba dispuesta a seguirle los pasos, con responsabilidad para pasarla bien. Entre esas, acompañarla a verse con sus amigas en piscina y tomarme una que otra cerveza con las madres de sus compañeras.

Con la mayor siempre he tenido una relación cercana, ésta vez nos integramos más las tres, compartimos salas de cine, pijamadas sin padres y comidas a altas horas de la noche, incluyendo tragos de vino.

A mis padres los vinculé con mi vocación cinematográfica y compartí con ellos las películas que había visto durante mis clases de universidad, y que me parecían las más memorables, casi todas documentales, por supuesto.

Pasar tiempo con ellos y compartir lo que más me gusta, y además, que ellos se dejaran llevar por mí, era lo que más me había sorprendido.

Las sorpresas eran gratas, ver que mi padre se había tomado la molestia de pintar la casa para que yo la encontrara mejor, que mi madre se desesperara en la peluquería y arreglando la casa y que mis hermanas preguntaran por mi, el saberlo me llenó de emoción, porque jamás pensé ser esperada de esa forma.

Que mis tíos y tías quisieran compartir momentos solos conmigo y que mis abuelos me complacieran en más de lo que siempre lo hacían, fue para mí la mejor bienvenida de todas.

El despedirse nuevamente fue más doloroso que la primera vez, ésta vez lloré solita para que nadie me viera, en la sala de espera, partía de nuevo hasta nueva orden de volver. Y recuerdo que escribí: “Había olvidado lo duro del retorno, lo duro de las despedidas, y lo duro de abandonar el pechiche del hogar”

Tal cual.

Me regresé con el corazón repleto de felicidad, de saber que gracias al universo tenía una familia hermosa que me apoyaba y que se hacían los críticos de cine en todo momento, para ver yo qué podía responder. Con energía recargada, y como dice Gabo (Gabriel García Márquez) con la gasolina necesaria para seguir escribiendo, en mi caso estudiando, editando, regresé a Buenos Aires.

"Feliz....de volar" Ilustración por Gato RC
“Feliz….de volar”
Ilustración por Gato RC

 

Y sí, a veces es lindo regresar, para llenarse de energía, para recordar por qué te fuiste, y para regresar con ganas de volver otra vez a reunirte feliz con anécdotas qué contar.

 

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