La maldita soledad

por CangrejoPerez


Hay momentos en la vida en los que es muy difícil acostumbrarse a la soledad, cuando parte un ser querido, cuando terminamos con la pareja, cuando nos mudamos a vivir al otro lado del mundo. En fin, pueden ser muchas las ocasiones en las que la soledad es la única compañía, lo difícil es adaptarse a ella, acostumbrarse al sonido del silencio y las palabras de quien no está.

Somos seres sociales por naturaleza, desde pequeños estamos en contacto con personas que se encargan de cuidarnos y ayudarnos a crecer, es como si la niñez fuera esa burbuja en la que quisiéramos estar siempre, con personas alrededor pendientes de nosotros, nada nos falta, ni atención, ni un hombro para llorar.

Pero conforme pasan los años se aproxima la soledad, porque el ser adulto conlleva responsabilidades que hacen que uno se aleje de las persona que ama y que conoce, es como si las oportunidades muchas veces lo llevaran lejos de las personas que han sido su compañía por tantos años.

Lo más difícil de ser adulto es entender que no todas las personas van a estar en su vida para siempre, son pocos los que se quedan, pero uno sabe que esos que realmente valen la pena son los que siempre estarán allí, porque no importa cuánto tiempo pase sin verlos, ellos van a estar como si no hubiese pasado un solo día.

Tampoco es necesario engañarse, la soledad ataca de un momento a otro sin que uno se de cuenta, así tenga muchos amigos y conocidos llega un momento en el que por circunstancias de la vida uno se va quedando solo, se va quedando con una cantidad de palabras por decir sin que nadie las escuche, con una cantidad de momentos para compartir pero nadie allí para compartirlos.

Lo más difícil es caer en cuenta que por más que uno quiera tener a sus seres queridos al lado eso sería un imposible, pero aquí viene una parte importante de la que siempre nos hablaron, la madurez, la madurez para enfrentar una situación tan complicada como la soledad y aprender a convivir con ella.

Lo primero que hay que entender es que la vida no siempre ha de ser felicidad, nadie es completamente feliz en todo momento, aunque hayan muchos que pretenden mostrar una imagen tal, es claro que la procesión se lleva por dentro y muchas veces es necesario exponer una fachada totalmente opuesta a lo que realmente estamos sintiendo por dentro.

Lo segundo es que la soledad también es una parte fundamental de la vida, es una oportunidad para conocerse mejor, parece una respuesta común pero cuando se piensa más allá tiene mucho sentido. Nos pasamos la vida intentando conocer y comprender a las personas que llegan pero se nos olvida conocernos a nosotros mismos, es como si yo supiera que a mi pareja le encanta la pasta, pero cuando me preguntan qué es lo que me gusta a mí no sé ni qué responder.

No se le haga raro si usted es una de esas personas que conoce mejor al resto de la humanidad que a sí mismo, nos ha pasados a muchos, lo importante es darse cuenta que los tiempos de soledad nos permiten encontrar esos gustos y también nos hacen caer en cuenta de las cosas y personas que definitivamente no queremos en nuestras vidas.

Hay que quitarle ese estigma a la soledad que nos hace verla como si fuera negativa, como si la soledad fuera sinónimo de tristeza o abandono, más bien debería ser sinónimo de tranquilidad y búsqueda de lo que uno es.

Comenzar a pensar en la soledad como una oportunidad para crecer, de encontrarnos con esa paz interior que muchas veces no logramos cuando estamos con algún personaje que nos hace la vida imposible.

Es hora de dejar de pensar que debemos estar rodeados de cientos de personas para sentirnos bien, grandes y empoderados, quien se siente a gusto solo es quien sinceramente tiene una madurez suficiente como para aceptar su compañía sin necesidad de estar huyendo de sí mismo.

Moraleja Cangrejiana: la soledad no es tan mala como parece, lo mejor de ella es que nos enseña a ser grandes, a crecer en los momentos que todo parece que no va para ningún lado, a creer en lo que somos y lo que podemos llegar a ser. La soledad nos ayuda a creer en nosotros mismos, que al final es la única compañía que tendremos hasta el último de nuestros días.

Escribiendo desde lo más profundo del mar,

@CangrejoPerez

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