Lo que no sirve que no estorbe

por CangrejoPerez


Uno se pasa la vida conociendo gente por un lado y por otro, se hacen grandes amistades, algunos simplemente pasan a ser recuerdos, otros terminan en el olvido y así. Y es que si uno se pone a hacer la lista de cuánta gente conoce no termina nunca, pero algo sí es claro, cuando uno hace la lista de las personas tóxicas se facilita la cosa, porque uno siempre las tiene bien identificadas, o por lo menos en la mayoría de los casos.

Son muchos los que llegan a la vida de uno a ayudarlo a caminar pero no se puede negar que también hay algunos que vienen a ponerle zancadilla, esos personajes que aparecen de la nada y se van convirtiendo en una piedra en el zapato, pero lastimosamente a veces nos damos cuenta muy tarde del gran daño que nos hacen.

Es así como uno tiene grandes amigos que pareciera que son eternos y completamente transparentes, pero el día que menos piensa se convierten en monstruos que acaban con la reputación y los sentimientos de cualquiera, y es que confiar en las personas es muy difícil, sobre todo hoy en día que los chismes vuelan por Whatsapp y cuanta red social se atraviese por allí.

Pero si somos un poco más prácticos y menos dramáticos nos damos cuenta que también hay mucho pendejo inútil en la vida de uno, personas que llegan y se pegan como parásitos, solo se encargan de quitarle las buenas energías mientras que ellos no aportan ni para la cuenta del restaurante, pero aquí no estamos hablando de la gente tacaña, aunque ciertamente esos también deberían de salir como pepa e’ guama de la vida de uno.

Continuando con los tóxicos, esos parásitos comienzan a alimentarse de todo lo que uno es y lo que uno hace, como si ellos no pudieran producir nada por sí mismos, aunque en la mayoría de los casos así es. Se alimentan de la imagen de uno y a la vez la destruyen, porque todos hemos tenido esos “amigos” que andan con uno cuando está en las buenas, pero aún en esos casos no falta que le den la puñalada trapera y hablen pestes por detrás.

Es como si tuvieran que vivir haciendo daño, aún a personas que los tratan bien, ellos no comen de nada, van por ahí destruyendo todo lo que se les atraviesa. Lo más preocupante es que esos personajes son lobos con piel de oveja, cuando uno los ve sonrisita va, sonrisita viene, halagos por aquí y por allá, cierto el caso que uno les cree el cuento y termina cayendo en sus redes, peor aún cuando les termina contando intimidades de su vida que después se convierten en la metralla con la que nos atacan.

También están los que se la pasan criticando todo lo que uno hace y deja de hacer, porque para ellos uno siempre actúa y decide mal, le critican la pareja, la forma de vestir, el trabajo, la casa, y cualquier otra cosa que sea susceptible de ser criticada. Pareciera que nada de lo que uno es y hace les gustara, es ahí cuando no se entiende como siguen al lado de uno si todo les parece horrible.

Y es que uno se va cansando de andar sosteniendo amistades falsas y soportando gente que no vale nada, porque con los años uno se da cuenta que solo aquellos que realmente valen la pena siguen allí para apoyar, pero no para andar alimentándose de nuestras desgracias ni aborreciendo lo que somos.

Hacer la cuenta de la gente tóxica es muy fácil, lo difícil es aceptar que esas personas se deben ir de nuestras vidas, porque algunos están ahí hace mucho y otros que tenemos allí por compromiso, nada más haga un ejercicio breve, revise su lista de amigos de Facebook (no cuenta la familia, aunque en algunos casos debería), y vaya sacando una cuenta de la gente que mantiene allí por mera obligación moral, por así decirlo. Seguro esta cuenta llegará a ser alta, pero no se preocupe, tenerlos en Facebook no es tan grave como mantenerlos cerca de su vida, eso sí es peligroso.

Y es que en últimas uno necesita deshacerse del peso muerto para seguir adelante, y qué más peso muerto que todos aquellos que no aportan absolutamente nada. Tenemos que aprender a sacar a esa gente jarta de nuestras vidas, porque de nada sirve sostenerlas allí.

Lo increíble es que aunque seamos conscientes de que debemos alejarnos de ciertas personas igual no nos atrevemos a hacerlo, ya sea porque creemos que de pronto en el fondo valen la pena o simplemente porque somos tan pelotudos que ni nos enteramos de lo mala leches que son.

En últimas lo único que se debe hacer es seguir los instintos, esos sí que no fallan, cuando uno siente que hay gente negativa a su alrededor es fácil distinguirlos, lo único que hay que hacer después de ese punto es amarrarse los pantalones y mandarlos para la mismísima porra, porque allá es donde merecen estar en lugar de estar jodiéndonos la vida.

Escribiendo desde lo más profundo del mar,

@CangrejoPerez

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